Hoy la ciencia nos dice que el universo cambia a cada
momento. Que las galaxias se alejan unas de otras a velocidades de miles de
kilómetros por segundo. Que el universo está en constante mutación. Y que
mientras aparecen mejores telescopios, más el hombre se asombra de la grandeza
del universo y de la pequeñez del planeta Tierra.
La ciencia hoy se inclina por creer que hace miles de
millones de años, la materia de la que están hechos los astros, los planetas y
la misma Tierra era como una gran masa amorfa, que en un momento dado
experimentó una gran explosión -«big bang» la denominan los científicos- y de
repente se fragmentó en millones de pedazos que se esparcieron por todo el
firmamento. Y después de un larguísimo proceso de fragmentación y de descenso
de las temperaturas que eran de millones de grados, empezaron a aparecer los
astros, los planetas y las estrellas, tal como los vemos ahora. En un comienzo,
entonces, la Tierra
formaba parte de aquella gran masa amorfa de materia y energía que explotó
repentinamente y que se disgregó por el universo. Después aquella masa se fue
enfriando y cuando se dieron las condiciones adecuadas, lentamente a través de
millones de años, surgió la vida.
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